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Álvaro Bilbao, el gurú de los padres que no son estrictos ni buenistas

Si usted no tiene hijos deje ya de leer este reportaje. Bueno, no, porque si tiene edad de ser padre es posible que su algoritmo de Instagram dé por hecho que lo es y le haya presentado ya a Álvaro Bilbao, el neuropsicólogo que ha puesto de moda la educación en positivo. Es decir, la crianza efectiva durante la primera infancia sin gritos ni castigos y, por supuesto, sin bofetadas. Algo que parece imposible pero da resultado, dice, si sigues sus sencillas pautas.

Álvaro Bilbao es, para entendidos, la alternativa a Eduard Estívil y Rosa Jové, célebres médico experto en sueño uno y psicopediatra la otra cuyos libros Duérmete, niño y Dormir sin lágrimas han dividido en dos bandos a la población paternal española: los estrictos y los buenistas. Por eso Álvaro se sitúa en el medio. “Firmeza y cariño” es su mantra, que se queda con lo mejor de ambas corrientes.

Álvaro es de Bilbao (“mi apellido no es nombre artístico”). Estudió Psicología en Deusto, un Erasmus en Londres y obtuvo dos becas en EEUU para especializarse en psicología Clínica y neuropsicología. Trabajó como voluntario en un hospital de neurorrehabilitación con niños con daño cerebral. Hoy está volcado en la divulgación, en “dar estrategias para conocer cómo funciona el cerebro de los niños”. En el momento de esta entrevista, está viajando a su tierra para ver a la madre de un amigo a quien le ha dado un ictus y padece amnesia, una de sus especialidades.

Empatía de serie

La empatía le viene de serie. “A mí, de pequeñito, todos los niños me contaban sus problemas. Era tímido. Mi madre decía que bondadoso. Luego tuve años en los que sacaba muy malas notas y mi familia creía que no iba a llegar a nada. Pensaba hacer económicas, pero iba a un grupo de confirmación en la parroquia y nos obligaban a tener algún compromiso. Yo daba clases de castellano a inmigrantes, me gustó mucho lo de ayudar a los demás y elegí psicología. Con todo lo que me había desinteresado el colegio, la facultad me apasionó”.

Bilbao fue criado a la antigua usanza, cero Montessori. “La educación que recibí fue tradicional, mis padres eran poco afectuosos pero muy estrictos. Les pondría un 10 porque lo hicieron lo mejor que pudieron y su forma de educarme me ha ayudado a ser quien soy. Pero me hubiera encantado que me hubieran dado más besos”, afirma. Él, como padre de tres criaturas (de 13, 10 y 9 años) es bien distinto. “Intento estar muy presente en sus vidas, me he reducido la jornada para pasar más tiempo con ellos”. Su mujer es educadora social y trabaja con mujeres discapacitadas maltratadas. “En cuanto a roles, ella es más cariñosa que yo y yo soy el que pone más disciplina. Como todos los padres, de vez en cuando se me escapa algún grito, pero cuando lo hago pido perdón”.

Álvaro está a favor de las normas, no de los castigos. “En consulta me encontré con muchos padres prolactancia, apego, porteo, colecho, defendiendo que no se le puede decir que no a un niño, que si le haces llorar le frustras. Para mí, es esencial poner límites, con afecto para evitar problemas de comportamiento“, comenta. Por eso escribió su best seller El cerebro del niño explicado a los padres y de ahí dio el salto a los cursos online y a las redes, donde tiene más de un millón de seguidores.

Lo bueno de Álvaro es que no sienta cátedra. “Yo no doy cachetes a mis hijos pero cuando un padre me dice que lo ha hecho alguna vez por cierta razón, lo entiendo perfectamente. Por otro lado, hay quien dice que no es bueno premiar a los niños, pero 1) no les va a matar 2) no se les va a fundir el cerebro y 3) es una técnica que ayuda a veces a abrir el camino para resolver conflictos.

La fe, la espiritualidad, ayuda a muchos psicólogos, pero no es un estrictamente un refugio para Bilbao. “Hace mucho que no voy a misa, pero después de muchos años he llegado a la conclusión de que Dios es amor. A mí me gusta ayudar a los demás. La esencia de la religión debe de ser mirar a los otros como nos gustaría que ellos nos miraran a nosotros mismos. Mis hijos van a religión pero no han hecho la comunión, sin embargo intento que ayuden al prójimo”. .

Le consultamos por temas que conciernen a menores como la Ley Trans o el aborto_ ¿El cerebro está preparado para tomar decisiones de ese calibre a esas edades?

“Yo intento escapar de la política todo lo que puedo y más. Pero parto de la base que creo que toda persona que está en política tiene que tener buenas intenciones, es decir, esas leyes no pueden estar hechas desde la maldad. Dicho esto, con la ley trans lo tengo claro: es un error porque son decisiones irreversibles. Yo de pequeño quería ser veterinario o bombero y menos mal que he podido cambiar de opinión después. La adolescencia es una etapa muy convulsa en la que hay muchas sensaciones y emociones confusas para los chavales. No quiere decir que haya personas que lo tengan claro desde entonces, pero es una decisión que se puede postergar. Conozco testimonios de padres cuyos hijos se han arrepentido. Me parece más interesante que se haga un área de atención a esas personas en su diversidad”.

Con respecto al aborto, “desde mi punto de vista no hay solución fácil. Creo que dentro de mil años se nos juzgará a esta generación por no saber solucionar el problema. Yo no puedo juzgar a nadie, me casé de penalti y mi tercer hijo fue también inesperado. A ver, los instintos humanos son muy importantes. Si por la educación fuera, también acabaríamos con la obesidad o las drogas… Jugamos con millones de años de evolución que te dicen que comer algo con grasa y azúcar apetece más que una manzana y en cuanto al sexo, si tienes poca capacidad de control de impulsos, el cuerpo te va a pedir mantener relaciones seguro en el momento que menos te conviene. Creo que nos tenemos plegar a la realidad. que los seres humanos somos seres naturales y que la solución tendría que ser más técnica, con algún sistema para para evitar eso. Yo desde luego que desde que soy padre miro con ojos distintos todo el tema del aborto, tan complejo éticamente y difícil de resolver”.

¿Entonces, en qué aprueban y en qué suspenden los padres de hoy?

“Lo estamos haciendo mejor en cuanto a que somos más afectuosos pero lo hacemos peor en que somos muy sobreprotectores, les ayudamos demasiado. No les dejamos solucionar por ellos mismos algo que pueden hacer solos. Está estudiado”.

A día de hoy, Álvaro Bilbao no trata adolescentes. “Es otra liga totalmente distinta de la que huyo. Siempre los derivo. Trabajo con las familias en primera infancia. Me parece más interesante esa parte de prevención de lo que pueda venir después. Si aprendes a gestionar a tiempo las faltas de respeto y construyes bien el vínculo puedes hacer la familia más fuerte ante los problemas. El 95% de los casos que veíamos en programas como Hermano Mayor se trataba de problemas de vínculo y apego, relaciones rotas, más que problemas derivados de poner o no límites”.

Álvaro ya no pasa más consulta, pero lo que más veía en ella era asuntos que atañen al cerebro primitivo del niño. “Gestión del sueño, alimentación, control de esfínteres y problemas de comportamiento como la escasa colaboración. Me apoyaba en el psiquiatra cuando hay un trastorno mayor de control de impulsos que requieren medicación. Mi trabajo consistía precisamente en ayudar a los padres a no llegar a ese punto”.

Sus hijos, dice, van a un colegio público, al lado de casa. “Para mí es muy importante que se relacionen con niños de todos los niveles socioeducativos”. No es sistema Montessori. “Está estudiado que ese sistema funciona y ha aportado muchas cosas, no hay nada malo en ello. Pero a mí los padres que me gustan son los padres normales y corrientes que les compran a sus hijos alguna vez chuches, que a veces les gritan, que les llevan a un colegio que les pille bien… La gente se sorprende que no lleve a mis hijos a un cole Waldorf o Montessori.. He visto colegios increíbles pero me sigo quedando con el de al lado de mi casa. Para mí, la cercanía y el cariño es lo más importante.Eso sí. Yo soy muy claro con los límites, pero los padres interpretan lo que quieren. A mí si un hijo me llama tonto se va a enterar, sin gritos ni castigos, pero le haré reflexionar”.

Afortunadamente, Álvaro Bilbao no estigmatiza a nadie. “Al final, con los niños, yo recomiendo hacer lo que te dicta tu instinto. Nosotros dimos lactancia materna porque nos fue bien, pero si hubiéramos dado biberón, también. Han dormido en su cuna o con nosotros cuando lo han necesitado y entre el método Estivil y el colecho hay mil variaciones intermedias, así que cada familia se organiza como puede.[Álvaro también escribió el exitoso libro Todos a la cama] No hay solución mágica para esas cosas, es cuestión de supervivencia y nadie es perfecto”. Amén.

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