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Cambiar el mundo desde el súper

Belarra quiere cambiar el mundo desde el súper. Que el capitalismo deje de ser el modelo económico establecido y que la compra del mes la hagan los españoles en una especie de cooperativa pública en la que todos están contentos: los clientes, con los precios; los proveedores, con los márgenes; los cajeros, con su sueldo y su horario; y el gobierno, con el gasto.

La propuesta la ha bautizado la secretaria general de Podemos como Precios Justos. Es de las pocas cosas que ha precisado la formación morada. No hay un cálculo de cuántos supermercados públicos acabarían con una inflación del 13% sobre el precio de los alimentos. Tampoco de dónde se podrían ubicar ni cómo evitarían el tirón de orejas de competencia por fijar unos precios que compiten de forma desleal. Ya saben, es campaña electoral: con una frase vale y las respuestas ya se darán (o no) después de las urnas.

Belarra está convencida de que el Estado podría conseguir pagar mejor a los pequeños y medianos productores agrícolas y ganaderos locales y, a la vez, garantizar mejores precios para los ciudadanos. La idea, supongo, es que eliminando el beneficio del intermediario, proveedores y clientes vivirían mejor. Pero sin márgenes, ¿cómo se pagan los costes de mantener el supermercado? Tampoco hay una respuesta, al menos, todavía.

Ya existen supermercados donde los proveedores son de cercanía, pero no es lo mismo comprar toneladas de naranjas y distribuirlas en centenares de supermercados que comprar cientos de kilos y venderlos en una veintena de tiendas. No es lo mismo para el agricultor, que se garantiza una gran cantidad de ventas, ni para el que se las compra, que puede negociar un precio más o menos a la baja y, por supuesto, no es lo mismo para el cliente que acaba pasando la malla de naranjas por caja.

En solo una búsqueda he encontrado un 1 kilo de arroz de Calasparra a un precio que difiere en 40 céntimos entre una tienda que compra directamente a productores locales y un hipermercado. Multipliquen para el resto de la cesta de la compra. Las grandes superficies pueden vender más barato y seguir ganando, no se trata únicamente de márgenes, sino de comprar mayor volumen. ¿Qué pasaría en un súper Precios Justos? Seguramente debería mantener un precio justo para el productor y, entonces, no podría rebajarlo para el cliente. O sí, y entonces el Estado estaría subvencionando productos.

Siguiendo esta línea, supongo que otra opción pasaría por tener una huerta pública y una granja pública, y una fábrica de cereales pública y una embotelladora pública, por poner algunos ejemplos. Quizá alguna de estas opciones acaba en un programa electoral. Por cierto, en este mismo periódico pueden leer qué pasó con las iniciativas de distribución pública en este país.

Otra opción pasaría por tener una huerta pública y una granja pública, y una fábrica de cereales pública y una embotelladora pública»

Otro asunto son las condiciones de los trabajadores. Un sector que ha conseguido subidas salariales por encima de la media en un entorno inflacionista, asegura la ministra de Derechos Sociales que tendrían mejores salarios en un supermercado público. ¿Serían funcionarios quienes trabajasen ahí? Porque a los funcionarios se les ha subido el sueldo un 2,5% este año, por debajo de la subida de Mercadona, por ejemplo, tal como publicó este periódico.

Quizá la mejora vendría por la racionalización de horarios, pero para conseguir eso, habría que cambiar el mundo desde el súper. El otro día, me contaba mi madre que ella había dejado de ir a las tiendas del barrio porque cuando trabajaba perdía mucho tiempo. Tenía que ir de un sitio al otro para conseguir todos los productos que quería comprar en una mañana. Y, como ella, miles de mujeres trabajadoras. Y así, triunfó el supermercado.

Yo no compro en Mercadona porque Juan Roig sea más simpático que el carnicero del barrio. Pero es que cuando la mayoría de españoles sale de trabajar, el carnicero ya ha bajado la persiana. Y quizá habría que cambiar eso también, pero supongo que eso toca en otro capítulo. Quizá podrían empezar en campaña o incluso desde el Gobierno: evitando reuniones y comparecencias más allá de las 6 de la tarde. Cambiar el mundo desde el súper.

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