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El ganador de las próximas elecciones generales podría volver a ser la abstención

Ni ‘efecto Feijóo’ ni repunte del PSOE de Pedro Sánchez. El próximo ganador de las elecciones generales podría volver a llegar a ser la abstención, aunque los sondeos de enero oficializan una victoria del PP. Así lo esboza una de las encuestas más completas publicadas en este inicio de febrero, la de 40dB para El País. En las últimas elecciones generales, del 10 de noviembre de 2019, el número de abstencionistas quedó fijado en 12,5 millones, el 33,77% de los ciudadanos con derecho a voto. Según la demoscópica privada, a día de hoy y de celebrarse unos comicios estatales, el 40,5% de esas personas se mantendrían en la misma posición siendo un total de 5,01 millones. La cifra se vería reforzada muy levemente por el tránsito de electores de PSOE (1%), PP (1,2%), Vox (2,4%), Unidas Podemos (1,2%) y Ciudadanos (1,5%) al ámbito abstencionista. Y alcanzaría los 5,3 millones. Con ese dato, al menos, la abstención sería la tercera opción electoral más respaldada, por debajo de PP y PSOE, que superarían la barrera de los seis millones de votos rescatando, a su vez, 1,6 millones de abstencionistas los populares y 1,2 millones los socialistas.

A priori, este número dista bastante del acumulado por la ausencia de electores el 10N, pero hay que tener en cuenta el nivel de indecisos que existe en la actualidad. Primero, entre el propio bloque de abstencionistas de las pasadas generales. Junto a esas 5,3 millones de personas, habría que añadir 2,12 millones de dudosos que se debaten entre permanecer ajenos a las elecciones o participar y cambiar el sentido de la papeleta. Asimismo, se tiene que tener en cuenta a los que, igualmente en el mismo bloque de abstencionistas, podrían votar, pero en blanco o nulo (6,5%). Con estas variantes, la cuantía de abstenciones virtuales sube a las 8,23 millones.

En segundo lugar, hay que contemplar a los indecisos que militaron en alguna de las principales formaciones políticas hace poco más de tres años. Ciudadanos es el partido que mayor dudas genera entre los suyos: un 14,6% se replantean el voto (241.000 personas). Le siguen el PSOE con un 12% (815.000), Unidas Podemos con un 9,1% (284.000), Vox con un 4,4% (161.000) y PP con un 4,2% (212.000). Además, hay que considerar a aquellos que declaran ahora que votarán en blanco o nulo. Los socialistas 340.000, los populares 101.000, la ultraderecha 107.000, los morados 94.000 y Ciudadanos 129.000. La suma conjunta hacen 2,5 millones. Esta cantidad eleva a casi once millones los posibles abstencionistas.

5,3 millones de personas no acudirían a las urnas. Superarían en número a todos los partidos excepto PP y PSOE. Los indecisos marcarían la diferencia para escalara al primer puesto

Las proyecciones más directas, con todo, dan esa tercera plaza a la abstención de manera pura: contemplando gente que se reafirma en ese ámbito o que se desplaza tras haber respaldado una de las candidaturas principales. Será la indecisión o el voto nulo/blanco la que marque un posible ascenso a la segunda o la tercera posición. Otras encuestas menos profundas en cuanto a abstención, como la última de SigmaDos para El Mundo, disminuyen, no obstante, la indecisión de los votantes de los principales partidos en un porcentaje ligeramente inferior. El PSOE pasa de un 12% a un 9% o el PP de un 4,2% a un 3,5%

La abstención se mantendría alta

La abstención en España se mantendría o decrecería sutilmente en esta nueva convocatoria en un momento político en el que en el entorno global. Se pasaría de 12,5 millones a 10,7 millones, una cifra a la que habría que añadir a aquellos electores de partidos independentistas, nacionalistas, regionalistas o minoritarios a los que no se atiende en la encuesta de 40dB. Independientemente, la cifra seguiría siendo alta, sobre todo por tratarse de una convocatoria posterior a una legislatura. En 2015 la abstención se situó en 9,3 millones (26,8%), pero en la repetición electoral de 2016, ascendió a 10,4 millones (30,16%). Ocurrió lo mismo en 2019. En 28A la abstención fue la más baja desde 2011, 8,43 millones (24,25%), pero al no poder el PSOE conformar gobierno y volver a convocar las urnas en noviembre, el descontento llevó a ese 33,77%.

En comparación con el entorno europeo, y atendiendo a las principales elecciones que tuvieron lugar el año pasado, España permanece en la línea continental. En Portugal la abstención se redujo 3,6 puntos, pero fue de 47,81% en total. En las presidenciales francesas aumentó en la primera vuelta 4,1 puntos hasta el 26,31% y en la segunda 1,7 puntos hasta el 28,01%. Pese a todo, ha sido más alta de lo habitual, estando en juego la estabilidad de Macron y la posible entrada de Le Pen en el Elíseo. En Hungría, Orbán alcanzó su cuarto mandato con una participación de un 0,6% menos; un 30,41% de abstención. Lejos queda Sueca, que pese a bajar un 3% en número de votantes, se mantiene cerca del 85% de votantes activos. Esa cifra la alcanza igualmente Dinamarca. En la tesitura de España, comparando el periodo actual con las últimas votaciones, está la Italia de Giorgia Meloni. En 2019, la repetición electoral aumentó en 9,25 puntos la abstención. Los italianos, la han incrementado en un 9,3% hasta el 36,31%.

Los factores que incentivan el desánimo

El principal elemento que produce abstencionistas en serie es la percepción de alejamiento entre las élites políticas y las bases sociales. Se vio con la crisis de 2008 en España: el 26,15% de abstención obtenido para la segunda legislatura del socialista José Luis Rodríguez Zapatero viró a un 31,06%. La abstención, por trayectoria asentada, suele estar más ligada a los partidos tradicionales. Y cuando se moviliza, lo hace orientado hacia un voto protesta: hacia posicionamientos más duros, extremos y polarizados. La incapacidad de conservadores y socialdemócratas para dar respuesta a problemas amplios que en ocasiones exceden de las competencias, genera mayor frustración. Y ello hace crecer a las propuestas populistas que con su actuación retroalimentan el panorama político. La rutinización de los nuevos partidos acaba perjudicándoles y se vuelve a producir un trasvase hacia la abstención nuevamente.

Para esa abstención contribuye en gran medida no contemplar expectativas de mejora o un futuro favorable. Eso lleva a la decepción. Pero también hay otro tipo de variantes que exceden al desencanto y son externas. Un ejemplo es el clima, un importante elemento desmovilizador de ser adverso. En la repetición de generales de 2019 fue un día de bajas temperaturas, diez grados debajo de la media y lluvias en el norte y en las Islas Baleares. Por otro lado, está el ámbito electoral. El plano autonómico suele ser menos llamativo que el nacional o el local, que es más cercano. Por ello, las convocatorias conjuntas suelen ser una fórmula para combatir la abstención. La última: las municipales, regionales y europeas del 26 de mayo de 2019.

Respecto al último barómetro de 40dB, elaborado entre finales de diciembre y principios de enero, se observa un crecimiento de 3,8 puntos en la abstención y un descenso de los indecisos en 7,2. Por su parte, excepto Unidas Podemos (3,4% más), ha habido una bajada generalizada de indecisos en los cuatro principales partidos. También un mantenimiento del abstencionismo propio dentro de los grupos.

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