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el origen del nombre de las 302 estaciones del Metro de Madrid

«Madrid tiene un problema muy grande, y es que en general no la conocemos. Vamos corriendo siempre a todas partes, deprisa de casa al trabajo, y no nos paramos a observarla. Pasa también con el Metro, que es un transporte que todos utilizamos pero no lo consideramos algo especial. Nos bajamos en una estación y nos subimos en otra, pero no sabemos ni los nombres«. José Felipe Alonso, periodista con décadas de experiencia (la mayoría en la agencia EFE), y autor de 18 libros, se ha interesado en los últimos años en contar historias sobre Madrid. Una región y una ciudad donde, aunque parezca mentira, aún quedan muchas cosas por conocer.

Por eso acaba de publicar el libro Metro de Madrid: ¿Por qué sus estaciones se llaman así (Ediciones La Librería). Una investigación de un año en la que ha conseguido encontrar el origen del nombre de las 302 paradas del Metro de Madrid, la tercera red más extensa de Europa. Un trabajo jamás hecho anteriormente, que sirve para conocer a fondo la historia de la capital.

«Paco de Lucía ha sido la parada más complicada de rastrear. Al final buscando mucho resultó que él había vivido en esa zona de Mirasierra durante un tiempo», relata Alonso. Y añade: «Peseta también fue difícil. Y luego hay algo curioso que es los cambios que se dan por los campos de fútbol. Por ejemplo, la parada de Santiago Bernabéu se llama antes Lima, porque hay una plaza que tiene ese nombre. Pero en 1982, en el Mundial de fútbol de España, se le cambió el nombre para que la gente no se confundiera. Al final el Metro es muy vivo y cambiante, está en constante evolución».

El origen del nombre de la parada de Embajadores, cuenta Alonso, es uno de los más interesantes. Proviene de la época en la que Juan II se asentó en Madrid y comenzó a recibir a los emisarios de otros países y reinos. En ese momento una epidemia de peste azotó Madrid, y los embajadores tuvieron que refugiarse en esa zona, extramuros de la ciudad. Otro caso curioso es el de Lavapiés, que proviene de unas antiguas fuentes donde la gente se lavaba manos y pies al volver del barrio judío, para no estar «contaminados». Y como anécdota simpática, la puerta que tiene el Ratoncito Pérez a medida en la parada del Banco de España, por donde entra para coger el dinero que más tarde dejará a los niños bajo la almohada.

«Yo soy un enamorado de los metros. Si voy a una ciudad que tiene uno me gusta ir a visitarlo siempre. Y creo que en Madrid tenemos uno magnífico, sobre todo porque es muy sencillo moverte. Te diría que es el mejor, pero por si acaso diré que está entre los cinco mejores seguro. En el de Londres o Nueva York vas loco, no sabes si la línea que has cogido es la correcta. Y en París tuve que preguntar porque me pasó lo mismo. Además, el de Madrid es muy eficiente y limpio, como el de Shanghái, porque hay algunos que da miedo meterte. En general la verdad es que da gusto, es rapidísimo y apenas da problemas», asegura Alonso.

El origen de Sol

El 17 de octubre de 1919 Alfonso XIII inauguró el primer tramo de línea, de 3,5 kilómetros, que unía las estaciones de Cuatro Caminos y la Puerta del Sol. Desde entonces el Metro ha pasado por repúblicas, monarquías, guerras civiles y dictaduras a medida que se expandía hasta llegar a los trescientos kilómetros de conexión que tiene actualmente, que lo ha convertido en uno de los más grandes del mundo. Pero a lo largo de la historia no era extraño que los gobernantes de turno fueran cambiando los nombres de las estaciones cuando llegaban al poder.

Durante la búsqueda, Alonso también detectó ciertos patrones entre los nombres de las estaciones y la zona de la ciudad en la que están ubicadas: «La línea 1 mantiene cierto criterio. Y según van avanzando las paradas de las líneas siguientes tienen nombres de personalidades importantes, como políticos o artistas. Esto se ve mucho en la zona centro de Madrid. A partir de ahí, según vas ampliando a zonas más modernas va función del barrio. Hay lugares, por ejemplo, donde los nombres de ciudades internacionales son muy comunes».

Alonso explica que la única estación abandonada de la red madrileña es la de Chamberí, reconvertida en un museo y plagada de leyendas. Y detalla el origen de una de las paradas más emblemáticas, también muy desconocido. «Sol es una estación muy peculiar, porque es un nudo de conexiones y se habla mucho de ella. El nombre viene del año 1521, cuando en la revuelta comunera se levantó allí un castillo con un símbolo del Sol como protección», concluye el autor.

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