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En el epicentro del asalto: “Haba cristales, basura y sangre por todas partes”

Sunamita estalla. “La gente que hizo esto no trabaja, no se gana la vida! Cmo se explica si no esto?”. Sunamita, 29 aos, est desde las siete de la maana en el edificio ms importante de Brasil, el Palacio del Planalto. Se encontr con un mar de vidrios destrozados y todo tipo de vandalismo.

“Haba vidrios rotos por todas partes, haba basura, haba sangre!”, le dice la operaria a EL MUNDO en una maana distpica en el corazn de la Plaza de los Tres Poderes, asaltada el domingo por una turba de miles de bolsonaristas extremos.

El poder legislativo, el judicial y el ejecutivo en una misma plaza, diseo de los arquitectos Lucio Costa y Oscar Niemeyer en los aos 50. Una idea, una visin, que paradjicamente facilit una operacin inviable en otras capitales: poner en jaque a los tres poderes en forma simultnea.

Mientras Sunamita y sus compaeros limpiaban la sede del Gobierno -y lo mismo suceda en el Congreso y en el Supremo Tribunal Federal-, la polica tomaba el control del campamento bolsonarista frente al Cuartel General del Ejrcito, a unos ocho kilmetros de distancia.

Asalto a las instituciones en Brasil

La maana, gris, hmeda y apenas calurosa, vio a cientos y cientos de personas subindose a autobuses o sus propios vehculos. Una mujer, pelirroja y pequea, se desgaitaba para que la polica le permitiera seguir ah. Apel incluso al recurso de armar un corazn con sus dedos, pero los efectivos de seguridad, amables y templados, fueron inflexibles.

Ofrecer un corazn como prenda de paz desde el bolsonarismo extremo solo le suma extraeza al momento que vive Brasil, muy lejos del amor y el entendimiento. La polarizacin salvaje e inabordable, lo impide.

Hay un ex presidente, Jair Bolsonaro, al que Luiz Incio Lula da Silva, su sucesor, calific de “genocida” este domingo. Un ex presidente desorientado: el ala ms radical de sus votantes est decepcionada con l y busca nuevo lder, mientras que el ala moderada busca alejarse ante lo que la televisin brasilea defini como un “poltico txico”.

Que Bolsonaro pasara un rato el 30 de diciembre en un Kentucky Fried Chicken de Kissimmee, en las afueras de la ciudad estadounidense de Orlando, puede parecer ancdota, pero en su caso es categora: con aquella foto busc demostrar que l no lidera a los duros, con esa foto a las puertas de Disney World est buscando sentar precedentes de que l no atent contra la democracia.

“Depredaciones e invasiones de edificios pblicos como las ocurridas hoy, as como las practicadas por la izquierda en 2013 y 2017, escapan a la norma”, escribi Bolsonaro en sus redes sociales, una afirmacin que suena a muy poco ante la magnitud de lo sucedido, pero que a gente de su partido como la diputada Carla Zambelli le genera indignacin.

Zambelli se hizo famosa mundialmente al perseguir a un hombre pistola en mano en la tarde del 30 de octubre, la del balotaje ganado por Lula por un ajustado 50,9 a 49,1 por ciento, un resultado que el bolsonarismo radical atribuye a un fraude del que no hay prueba alguna.

Semanas despus, en una cena con Bolsonaro y otros dirigentes, Zambelli le pidi al an presidente instrucciones para guiar a las decenas de miles de personas que se manifestaban ante los cuarteles militares entonando una consigna de muy inquietante simpleza: “Fuerzas Armadas, salven la Nacion!”. Bolsonaro se sacudi ante el pedido. Furioso, dijo que l no tena instrucciones que dar porque a nadie haba convocado.

Tardamente, el presidente comenzaba a tomar en cuenta los consejos que haba recibido a lo largo de su mandato en reuniones ultra reservadas con integrantes del Supremo Tribunal Federal (STF), que en Brasil tiene un poder tan grande que se puede decir que cogobierna con el presidente. Algo que los brasileos le deben a la Constitucin sancionada en 1988.

El STF fren repetidas veces los desvos autoritarios de Bolsonaro, en especial durante la pandemia, cuando el presidente quera sacar a las Fuerzas Armadas a las calles.

“Y eso sabes cmo empieza, pero no como termina”, relat a EL MUNDO un hombre en el corazn de esas conversaciones con el impredecible presidente. Para entender cmo lidiar con l, miembros del STF escucharon consejos del ex presidente Fernando Henrique Cardoso. “Tienes que tratar a Bolsonaro como un boxeador, bailar con l hasta el final para conocer todos sus movimientos”, les dijo el dos veces presidente de Brasil.

Desde el STF se busc un acercamiento a las Fuerzas Armadas para alejarlas de las estigmatizaciones del bolsonarismo y tener un dilogo mano a mano. Tambin hubo mltiples encuentros con lderes religiosos de todas las confesiones para tejer una red de contencin en caso de que Bolsonaro acelerara rumbo al desastre.

“Ya desde el inicio nos dimos cuenta de que Bolsonaro sera un presidente muy contrario a las instituciones, de que querra aplastar al Congreso y a la Justicia”, explic el hombre, que pidi mantenerse en el anonimato para hablar.

En esas reuniones, diferentes integrantes del STF advirtieron al presidente de los peligros legales que corra al intentar forzar los lmites y poner en cuestin el sistema electoral. Esos peligros siguen: “S, Bolsonaro corre el riesgo de ser enjuiciado”.

Este lunes, la televisin brasilea ya analizaba los alcances del tratado de extradicin con los Estados Unidos.

Pero los peligros son tambin enormes para Lula, que a los 77 aos se ve exigido como quizs nunca en su vida poltica, ms incluso que durante los 581 das que pas en prisin por corrupcin.

“Estos policas no hacen su trabajo!”, reproch, furioso, el presidente, que lleva semanas bajo la presin del extremismo. Primero, con los graves disturbios que asolaron Brasilia el da de su certificacin como presidente electo, y luego, con el descubrimiento de un camin bomba que deba estallar en el aeropuerto de la capital del pas.

Lula no tiene hoy un lder de la oposicin, por ms duro e inflexible que fuere, con quien tratar. Lo que tiene frente a s es un movimiento difuso y de perfil extremo a la vez. El da de su asuncin, 1 de enero, lanz algn gesto de conciliacin, alguna mano tendida a los 60 millones de votantes de Bolsonaro, pero la mayor parte del tiempo fue dursimo con el ex presidente y sus seguidores.

Hoy ya no tiene margen para conciliar, y en el gobierno hay arrepentimiento por no haber actuado antes contra los campamentos bolsonaristas, que se crey que se iran disolviendo poco a poco. Error: a Lula no le queda ya ms posibilidad que ser duro como nunca en la aplicacin de la ley. Eso implica ms tensin, ms enfrentamiento, ms polarizacin. Y cuatro aos as son cuatro aos muy largos.

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