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Abigail Kawananakoa: su esposa y secretaria pelea por la fortuna de la última princesa de Hawái

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Descendiente de los últimos reyes hawaianos, la muerte de la aristócrata reabrirá los pleitos por su fortuna. En 2017 se casó con su secretaria para convertirla en su heredera en medio de un proceso judicial para tratar de incapacitarla.

La princesa, junto a su secretaria y esposa, durante el juicioJ. S. K. / AP

En días en los que no nos quitamos de la boca por unas y otras noticias la expresión golpe de Estado, la actualidad nos trae a primer plano el que se produjo en julio de 1894 en Hawái. El archipiélago del Pacífico era entonces un reino. Pero de la noche a la mañana pasó a convertirse en una república por el golpe de los terratenientes blancos, en una operación dirigida por fuerzas de Estados Unidos, contra la entonces reina Liliuokalani. Tan vergonzosos fueron los hechos que el mismo presidente de EEUU, Grover Cleveland, abrió una investigación en el Congreso en la que se concluyó que el derrocamiento de la monarca había sido ilegítimo, todo un acto de guerra contra un país amigo como era Hawai. Pareció que Washington iba a dar marcha atrás. Pero había mucho dinero en juego, las presiones de los terratenientes de origen estadounidense en las islas fueron enormes y, sobre todo, el curso de la geopolítica convirtió a Hawai en un lugar demasiado estratégico. Así que en 1898 Estados Unidos se anexionaría sin cortarse un pelo el archipiélago -que desde 1959 es uno de los 50 estados de la federación-.

Pues bien, acaba de fallecer a los 96 años Abigail Kawananakoa, conocida como la última princesa de Hawai, que, aunque dejara de ser un reino, ha mantenido siempre a su familia real, una línea que se autoproclamó heredera de los derechos al ya inexistente trono a la muerte sin descendencia de la mencionada reina Liliuokalani.

La princesa Abigail, último eslabón de esta estirpe, era un personaje muy singular y extraordinariamente rica. Por un lado, porque uno de sus bisabuelos fue un terrateniente irlandés que hizo una fortuna sideral. Y, por otro, porque EEUU tuvo a bien al quedarse con el territorio devolverle a la familia real todos sus bienes, incluido el Palacio de Honolulu, donde ha vivido siempre Abigail y que hoy, además de residencia real, es un museo.

Con gran presencia en la vida pública del archipiélago, reconocida filántropa, muy bien relacionada con la alta política -en especial con el Partido Republicano- y amiga de miembros de la realeza internacional como algunos de los Windsor, la princesa saltó a los medios de todo el globo en 2017 cuando sufrió un infarto cerebral. Porque ello desencadenó un proceso judicial a modo de culebrón para el control de sus bienes y reveló datos que siempre se prestan al morbo, así son las cosas, como el hecho de que Abigail fuera lesbiana y mantuviera una relación sentimental con su secretaria, de pasado más que turbio.

La fortuna de la princesa se estimaba en unos 200 millones de euros, gestionados a través de una fundación. Y uno de sus abogados y administrador del grupo presentó una demanda judicial para que se incapacitara a la ilustre señora e impedir que se hiciera cargo de sus bienes la secretaria, Verónica Gail Worth, a la que se acusó de manipular a la nonagenaria para quedarse con su dinero.

Abigail y Verónica protagonizaron una batalla en los tribunales que se prolongó durante más de tres años. Y el paso decisivo para amarrar su causa fue su matrimonio. En otoño de 2017, las dos se dieron el sí quiero en una publicitadísima ceremonia oficiada por un muy respetado juez del Tribunal Supremo del estado ya jubilado.

La princesa Abigail, en 2019, a su llegada a un juzgado en Honolulu
La princesa Abigail, en 2019, a su llegada a un juzgado en HonoluluJENNIFER SINCO KELLEHER / AP

Nada de lo que se aireó por aquellos días de la tal Verónica hizo desistir de su empeño a la tozuda princesa. Se publicó que la secretaria, muchísimo más joven que Abigail, había conocido a su primer marido mientras ella trabajaba como showgirl en Las Vegas y que, después, la pareja se dedicó en los años 80 a traficar con Walkmans robados y hasta con drogas, extremo jamás confirmado. También se publicó que mientras se ganaba la vida como anfitriona de un hostess club -establecimiento en el que la concurrencia masculina busca compañía femenina mientras bebe, digámoslo así- conoció a un senador hawaiano al que se encomendó para que moviera sus hilos y borrara su pasado borrascoso.

Probablemente Abigail conocía al dedillo la biografía de su secretaria, amante y finalmente mujer y tanto le daba. Ahora, con la muerte de la princesa, presumiblemente se reabrirán pleitos por su fortuna. Menos dudas ofrece quién se quedará con la chihuahua Girlie Girl con la que siempre se veía a las dos damas -si es que la perrita sigue con vida-. Por último, la incógnita abierta es si alguien se reivindicará como nuevo aspirante al trono de Hawái que quedó abolido por uno de esos golpes de Estado que han construido la llamada primera democracia del mundo.

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