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La última rosa de las Asturias minera y despoblada que tiene la llave para fabricar el perfume definitivo

Carmen Martínez descuelga el teléfono desde Cangas de Narcea. Tiene tiempo para hablar un rato y hay que aprovecharlo, porque en las montañas asturianas desde las que habla hay poca cobertura. Cuenta que desde el pasado 9 de mayo y hasta principios de junio está inmersa en la recolección de la Rosa Narcea, que le ocupa todas las mañanas. Una variedad de flor única en el mundo y desconocida hasta hace muy poco. Concretamente, hasta que ella misma la descubrió, casi de casualidad, hace unos años.

«Soy investigadora científica del CSIC y experta en viticultura. De hecho, dirijo ese grupo desde hace más de 35 años», comenta Martínez. Y añade: «En 2017 estaba en Bulgaria para dar una charla en un congreso, y por la calle me encontré con un rosal. Me paré a olerlo y me recordó mucho al olor de otro rosal que tenía en mi casa cuando era pequeña. No era la misma fragancia que yo recordaba, pero sí la misma intensidad».

Unas semanas más tarde, ya de vuelta en Asturias, recordó aquella anécdota y decidió indagar en el tema. Descubrió que había dos tipos de rosas, las antiguas y las modernas, y decidió volver al jardín de su antigua casa. Tuvo suerte, porque allí quedaba un único ejemplar de esas rosas que ella recordaba haber olido de pequeña. La cogió y comenzó a estudiarla, analizando su ADN y sus características botánicas. La conclusión fue clara: «Era distinta a todas las existentes».

A partir de ese momento todo se aceleró. Martínez convenció al resto de su equipo del CSIC de abrir una investigación aparte, y con el tiempo lograron también el apoyo de la Academia del Perfume y del propio CSIC, que les animó a crear una nueva empresa: Aromas del Narcea S.L. Lo último es que ahora acaban de llegar a un acuerdo con Givaudan, una multinacional suiza del perfume con más de 250 años de historia, para estudiar la flor en exclusividad con ellos durante el próximo año. Y tienen muy claro con qué fin quieren hacerlo.

«La Rosa Narcea tiene un aceite esencial, que es muy útil para hacer perfumes. En España no había ninguna así y en Europa solo hay otras dos. Así que tiene un interés enorme. Givaudan se interesó por ella y este año hemos firmado el acuerdo para explotarla. Pero hemos puesto como condición hacerlo aquí, en la zona de Asturias de la que es originaria», detalla Martínez.

Y es que el lugar donde se cultiva está, en palabras de la investigadora, «muy castigado». Se trata de una antigua zona minera sin recursos, con el Ayuntamiento que registra la mayor velocidad de despoblamiento de España. Y por si fuera poco es una de las cinco regiones de Europa con el ritmo más veloz de envejecimiento.

«El cultivo de la rosa puede ser una iniciativa para atraer población. Nuestra idea es plantarlas en colaboración con agricultores y propietarios de la zona, a los que enseñaríamos a cultivarla. Ya ha habido muchos interesados, la acogida hasta ahora ha sido muy buena. Tenemos un plan de negocio muy detallado,  y parece que el cultivo puede ser bastante rentable para todos», asegura Martínez.

Máxima protección europea

La Rosa Narcea necesita frío para dar un aceite esencial de calidad. Por eso las montañas asturianas son perfectas para su cultivo. Por lo pronto, Martínez y sus cuatro socios (el resto de investigadores de su equipo del CSIC) tienen su «autoría intelectual». Y el propio CSIC les ha concedido la licencia exclusiva para explotar la flor hasta el año 2052, con posibilidad incluso de alargarla más tiempo.

«Cuando vimos que la rosa era tan única y diferente solicitamos la protección a nivel europeo, apoyados por el CSIC. Es un proceso largo, que dura cuatro años y en el que tienes que enviar informes científicos y ejemplares de la planta. Luego ellos comprueban si la descripción que les hemos dado coincide con lo que ven. Y a nosotros nos acabaron dando el máximo nivel de protección europeo. Es la única rosa usada en la industria del perfume con ese nivel de protección», detalla Martínez.  

Según explica la investigadora, la Rosa Narcea pertenece a las llamadas rosas antiguas. Éstas son aquellas anteriores a 1867, momento en el cual llegaron a Europa las rosas procedentes de China y comenzaron a cruzarse unas variedades con otras. Por aquel entonces en el viejo continente había más de 100 tipos de rosas, pero hoy en día casi todas están desaparecidas.

Las diferencias son notorias. Las rosas modernas, fruto de los cruces entre las europeas y las Chinas, son las más habituales en las floristerías y jardines. Tienen muchos colores, son elegantes y florecen en todo el año, pero no huelen y no tienen aceite esencial. Por contra, las rosas antiguas son más rústicas y desgarbadas. Son muy grandes y tienen muchísimos pétalos, pero no sirven para ornamentación. En cambio, son muy olorosas, porque sí tienen aceite esencial. En concreto la Rosa Narcea tiene un color muy diferente, parecido al fucsia pero difícil de describir. Y su olor tiene un toquecillo dulzón, algo cítrico en algunos momentos.

De aquella última rosa que Martínez descubrió en el jardín de su infancia han conseguido levantar una plantación de más de 300 ejemplares, y tienen otras 400 preparadas para plantarse. En los próximos meses ese número se multiplicará exponencialmente, porque han conseguido desarrollar un proceso in vitro que les permitirá conseguir «40.000 o 50.000» ejemplares más, según Martínez. O los que necesiten.

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